El comportamiento de El Niño está mostrando una dinámica diferente de la que se proyectaba meses atrás.
Aunque el fenómeno que se genera por el calentamiento del Océano Pacífico ya ingresó en su etapa de mayor intensidad, su impacto sobre las lluvias en Argentina continúa siendo moderado por una combinación de factores oceánicos y atmosféricos que condicionan el ingreso de humedad hacia la región central.
Fundamentalmente, el Pacífico encontró una suerte de antagonista en el otro gigantesco océano que domina el Planeta: el Atlántico Sur.
En ese contexto, las expectativas de grandes acumulados para noviembre y diciembre comienzan a revisarse a la baja.
De esta manera lo explicó Alfredo Elorriaga, consultor de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) y especialista en clima, quien analizó la evolución del fenómeno y las perspectivas para los próximos dos meses.
Según señaló en una entrevista con el sitio oficial de la entidad, el escenario actual muestra un Niño fuerte, pero con una trayectoria de debilitamiento más rápida que la prevista inicialmente.
“Con todos los condicionantes de los que hemos hablado, no podemos considerar números, pero sí tendencias“, advirtió el especialista al referirse a las precipitaciones que podrían registrarse durante el tramo final de 2026.
Y agregó que, aunque las lluvias estivales normalmente son las mayores del año y con un Niño fuerte es probable que se ubiquen por encima de los valores normales, “este es un Niño que va a decrecer en intensidad rápidamente“.
La aclaración resulta importante porque, hace apenas dos meses, los escenarios elaborados para la región central anticipaban precipitaciones muy superiores a los promedios históricos: un 70% más para noviembre y un 90% más para diciembre.
Sin embargo, aquellas estimaciones estaban construidas sobre la influencia del fenómeno del Pacífico, sin incorporar otros condicionantes regionales y globales que finalmente terminaron imponiéndose.
Elorriaga explicó que la temperatura superficial del Pacífico continúa mostrando valores elevados y que el fenómeno ya comenzó a transitar su etapa de mayor intensidad.
De acuerdo con el informe de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) del 2 de noviembre, la anomalía de temperatura en la región 3.4 alcanzaba los 2,5°C.
Sin embargo, esa intensidad oceánica no necesariamente se traduce en un impacto proporcional sobre las argentinas.
Para el especialista, una de las claves para interpretar correctamente el comportamiento climático es comprender que El Niño no depende exclusivamente del calentamiento del océano, sino también de su interacción con la atmósfera.
“Se ha enfatizado los valores de calentamiento oceánico sin considerar que el Niño tiene dos componentes: una oceánica y otra atmosférica. Todos hemos visto imágenes de esa gran mancha de calentamiento en el Pacífico que no deja de ser impresionante. Pero para poder hacer comparaciones con los Niños pasados se toman índices que tienen en cuenta al fenómeno acoplado con la atmósfera”, explicó el especialista de la BCR.
Esa diferencia permite entender por qué, a pesar de los elevados registros de temperatura del Pacífico, Argentina no experimentó hasta ahora el escenario de precipitaciones que se esperaba.
El consultor de GEA recordó que durante septiembre y octubre se mantuvo una circulación atmosférica muy consistente que condicionó el ingreso de humedad hacia el centro del país. Como consecuencia, octubre terminó mostrando un comportamiento particular: hubo un efecto hidrológico importante del Niño, pero no un impacto meteorológico generalizado.
“En octubre, Argentina tuvo un impacto hidrológico por el Niño pero no meteorológico. El agua que nos está llegando por los cursos de agua de Brasil es muy significativa, pero cuando se observan los montos mensuales del mes y los comparamos con las medias, no hay un impacto destacado en general“, precisó.
El comportamiento de las precipitaciones durante octubre reflejó esas diferencias. Mientras Santa Fe y Córdoba registraron lluvias por debajo de sus promedios históricos y el norte bonaerense también quedó relegado, otras zonas del país, como La Pampa, Neuquén y Mendoza, recibieron mayores precipitaciones. En tanto, el norte de Corrientes y Misiones mostró acumulados muy importantes, en línea con una mayor incidencia del fenómeno.
Para explicar esta distribución irregular de las precipitaciones, Elorriaga identificó una serie de factores que vienen interactuando desde hace varios meses y que limitaron la influencia del calentamiento del Pacífico, especialmente sobre la región pampeana.
“Lo que pasó en octubre es algo que venimos siguiendo desde hace meses en nuestros informes. Te explico cuáles son los factores que lo condicionan y vas a ver que están relacionados con el comportamiento de las lluvias de octubre“, planteó.
En primer lugar, mencionó la circulación fría de origen polar que ingresó desde la Patagonia y que durante septiembre y octubre condicionó el avance de la humedad desde el norte hacia el centro del territorio nacional.
El segundo factor es el comportamiento del océano Atlántico, que presenta una anomalía fría y, según las proyecciones que sigue el equipo de GEA, mantendría esas características hasta fin de año. Se trata de una variable especialmente relevante para Argentina por su cercanía y por su influencia sobre las masas de aire que ingresan al continente.
No obstante, el especialista aclaró que tampoco debe interpretarse al Atlántico como el único responsable de lo que sucede con el clima.
“Sí está más cerca y es importante para Argentina, pero también es cierto que tiene una variación mucho más dinámica que la del Pacífico, por eso hay que seguirlo más de cerca. Pero no es un factor que ‘manda’, porque es un factor necesario pero no suficiente para que actúe: se necesita un sistema ciclónico que fuerce el ingreso de ese aire frío”, explicó.
A esos dos condicionantes se sumó un tercer elemento: del lado chileno se posicionó un centro de baja presión que mantuvo una circulación de aire muy frío proveniente de las cordilleras, con un impacto marcado sobre Neuquén y Mendoza.
Finalmente, durante las últimas semanas, un centro de alta presión se ubicó a la altura de la Patagonia y modificó las características de circulación atmosférica, favoreciendo las precipitaciones en el centro de la provincia de Buenos Aires.
Para Elorriaga, esta interacción de variables demuestra que no alcanza con observar la intensidad de El Niño para anticipar el comportamiento de las lluvias. “De esto se tratan los informes que hacemos, de contar que son múltiples los factores que interactúan y no uno solo lo que ‘manda’ sobre el clima en Argentina“, remarcó.
Otro de los aspectos que destacó el especialista es el cambio que comenzó a observarse en las proyecciones de intensidad del fenómeno. Hace algunos meses se esperaba que El Niño alcanzara su máximo entre noviembre y diciembre, con anomalías oceánicas que incluso llegaron a difundirse por encima de los 4°C.
Ahora, en cambio, los modelos muestran una trayectoria diferente, con una anomalía que comienza a ceder durante noviembre y que se ubicaría alrededor de los 2°C en diciembre.
“Cuando te hablé de debilitamiento era respecto de los valores que se venían difundiendo. Hace dos meses, pensábamos que iba a alcanzar el pico entre noviembre y diciembre. Ahora el valor de la anomalía oceánica empieza a ceder en noviembre y en diciembre se proyecta un valor que sigue estando alrededor de los 2°C”, señaló.
En ese sentido, Elorriaga consideró que también comenzó a despejarse parte de la confusión que existió alrededor de las estimaciones de intensidad del fenómeno.
“Hay muchas cosas que han cambiado; por ejemplo, la NOAA está empezando a publicar información más actualizada y ya no se observan los valores que charlamos tantas veces, que superaban los 4°C. Ahora se están publicando valores corregidos y se ajustan con bastante precisión a los valores que proyectábamos con el modelo que seguimos desde hace tantos años. Afortunadamente, se va aclarando la confusión que hubo”, sostuvo.
Al comparar el actual episodio con otros eventos históricos, el especialista también encontró diferencias que permiten moderar las expectativas de un Niño excepcional. Para ello, tomó como referencia los índices RONI y ONI, utilizados para medir la intensidad del fenómeno.
“Fijate qué pasó con los últimos Niños más fuertes: en 1982 el RONI alcanzó un valor de 2,4; en 1993, un valor de 2,3; en 2016, un valor de 2,3. Hoy estamos con un RONI de 2. El ONI, que era el valor que usábamos antes para referirnos al valor trimestral, en el ciclo 2015/16, para noviembre-diciembre-enero alcanzó 2,6; hoy estamos en 2,5″, detalló.
Y aunque evitó descartar que los registros actuales puedan superar esos antecedentes, consideró que, por el momento, las proyecciones no muestran una diferencia extraordinaria respecto de otros episodios fuertes.
“Por el momento, los parámetros son menores a los de otros años. No te puedo asegurar que no los supere, pero por lo que vemos en las proyecciones, los valores no se van a alejar exageradamente de los pasados. De hecho, la curva proyectada del Niño actual está copiando con bastante exactitud a la del 2015/16, confirmado por los valores ONI y RONI“, explicó.
La diferencia central, según puntualizó, es que el episodio de hace una década continuó intensificándose después de octubre hasta alcanzar su máximo entre enero y febrero, con un valor de 2,8°C. El actual, por el contrario, ya muestra una tendencia descendente durante el trimestre octubre-noviembre-diciembre.
Este cambio en la evolución del fenómeno obliga a revisar los escenarios de precipitaciones que se habían difundido para la región central. Las estimaciones iniciales contemplaban un octubre con lluvias un 30% superiores a las medias, noviembre con un excedente del 70% y diciembre con un 90% por encima de los valores normales.
Sin embargo, Elorriaga aclaró que esos números surgían de un algoritmo que contemplaba exclusivamente la influencia de un Niño fuerte a muy fuerte, sin incorporar los demás factores que finalmente condicionaron su impacto.
“Cuando publicamos esos escenarios, aclarábamos que salían de un algoritmo que consideraba solo la influencia que ejerce un evento Niño fuerte a muy fuerte y excluía otros condicionantes de escala regional o global. Y justamente, estos fueron los que se impusieron en septiembre y octubre”, recordó.
De cara a noviembre y diciembre, el especialista prefirió no establecer porcentajes concretos de lluvias, aunque sí planteó una tendencia: los acumulados podrían ubicarse por encima de los valores normales, pero las expectativas de excesos extraordinarios pierden fuerza frente a lo que se proyectaba inicialmente.
“Independientemente de la intensidad, el Niño ya está instalado y es un Niño por lo menos fuerte. Las lluvias estivales son normalmente las mayores del año y con un Niño fuerte casi seguro que estarán por encima de lo normal. Lo importante es que, de acuerdo con las proyecciones, este es un Niño que va a decrecer en intensidad rápidamente“, afirmó.
La otra cuestión relevante que destacó Elorriaga es el momento en que podrían producirse esas precipitaciones. En lugar de concentrarse sobre los períodos de cosecha, cuando los excesos de humedad suelen generar mayores complicaciones operativas, los modelos muestran posibilidades de que las lluvias superiores a lo normal acompañen etapas importantes para la definición de los rindes.
“Es muy probable que se den cuando los cultivos más lo necesiten. Para el maíz temprano en diciembre. La soja también va a tener buenas posibilidades cuando defina rindes en febrero”, señaló el referente de clima de la bolsa rosarina.
En esa misma línea, consideró que el debilitamiento relativamente rápido del fenómeno podría evitar que el Niño aporte humedad adicional durante el período de cosecha de los principales cultivos estivales.
“Pero también me refiero a que en los momentos de cosecha, que son los más problemáticos, el efecto del Niño no sumaría humedad extra a las lluvias de marzo y abril, como sí pasó en el 2016. Pero, te repito, esto es lo que te puedo decir considerando lo que muestran los modelos hoy”, concluyó.
La lectura climática que propone Elorriaga para el cierre del año combina dos elementos: un fenómeno del Pacífico que ya alcanzó una intensidad importante, pero cuya influencia sobre Argentina continúa limitada por otros forzantes, y una proyección de lluvias que, aunque todavía podría superar los registros normales, se aleja de los acumulados extraordinarios que se anticipaban para noviembre y diciembre.