
Durante su participación en Infocampo Estudio, Juan Carlos Bertoni, especialista en recursos hídricos, expresidente del Instituto Nacional del Agua (INA) y coordinador de proyectos del Comité Intergubernamental de los Países de la Cuenca del Plata, planteó que para comprender el escenario climático que atraviesa la región no alcanza con mirar únicamente la evolución de El Niño.
“Si tendríamos que poner un titular, yo diría: El Niño no está solo”, afirmó Bertoni, al explicar que, si bien este fenómeno constituye uno de los principales forzantes climáticos de la región, existen otros factores que pueden modificar su impacto sobre las precipitaciones y los caudales.
Entre ellos mencionó al Dipolo del Océano Índico, cuya fase positiva puede complementar el efecto de El Niño y favorecer un incremento de las lluvias sobre sectores de la zona núcleo y el centro de la Argentina.
Para el especialista, sin embargo, el comportamiento de las precipitaciones debe analizarse junto con las condiciones previas de humedad de los suelos y el nivel de almacenamiento de los grandes embalses de la cuenca del Paraná.
El escenario actual presenta fuertes contrastes dentro de la propia Cuenca del Plata. Mientras algunas regiones del norte, incluyendo Misiones, Formosa, Corrientes y el norte de Santa Fe, muestran niveles de humedad del suelo superiores a los normales, una importante porción del centro productivo todavía arrastra un déficit.
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Según explicó Bertoni, cerca del 70% de la zona centro, incluyendo Córdoba y el centro de Santa Fe, continúa atravesando una situación de escasez hídrica. Esa heterogeneidad obliga a evitar diagnósticos generales y a pensar las estrategias de manejo de acuerdo con la realidad de cada territorio.
En ese sentido, el especialista remarcó que la prevención de los excesos hídricos requiere combinar obras con planificación. Entre las medidas estructurales mencionó intervenciones relativamente sencillas, como la limpieza y mantenimiento de canales que se encuentran obstruidos por sedimentos y vegetación.
Pero también puso el foco en aquellas acciones que no implican necesariamente construir infraestructura. Bertoni las denominó, con cierta ironía, “las no obras”, y las ubicó como una pieza central de la gestión del riesgo hídrico.
“Contar con información actualizada permite tomar decisiones antes de que el problema se transforme en una emergencia. Sistemas de alerta temprana, planificación territorial, gobernanza y reglas claras para el manejo del agua forman parte de una estrategia que debe involucrar tanto al Estado como a los actores privados”, explicó el protagonista.
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue el impacto que tienen las decisiones tomadas dentro de cada establecimiento sobre el resto de la cuenca. En particular, Bertoni advirtió sobre los riesgos de realizar obras de drenaje sin contemplar qué sucede con el agua una vez que abandona el lote.
“Si la gente de aguas arriba hace canales, juntémonos con la gente de aguas abajo para ver qué opina, porque le estamos transfiriendo el problema”, sostuvo.
La lógica, explicó, es sencilla: una intervención que puede solucionar rápidamente un exceso de agua en un campo determinado puede trasladar ese excedente hacia otro establecimiento o hacia una zona urbana ubicada aguas abajo.
Por eso, el manejo hídrico debe superar los límites de cada propiedad y abordarse con una mirada integral de cuenca. En este punto, destacó algunas experiencias normativas, como la de Córdoba, que contempla la utilización de una proporción de los establecimientos para forestación y acumulación temporaria de agua.
“Si vamos a tener El Niño, pensemos dónde vamos a cultivar, en qué sector y con qué especie que consuma agua”, señaló Bertoni, al remarcar que las decisiones productivas pueden adaptarse a la disponibilidad hídrica esperada.
Otro de los ejes abordados durante la entrevista fue el futuro de la Hidrovía Paraguay-Paraná y la posibilidad de avanzar con obras vinculadas al aumento del calado.
Bertoni consideró que cualquier intervención de esta magnitud requiere estudios de impacto ambiental rigurosos e integrales. En particular, puso el foco sobre un aspecto que muchas veces queda relegado frente a la discusión sobre la profundidad de la vía navegable: qué hacer con los sedimentos extraídos durante el dragado.
“La disposición de esos materiales debe formar parte de una evaluación integral que contemple sus posibles impactos sobre el funcionamiento de la cuenca y los ambientes asociados”, sostuvo el coordinador de proyectos del Comité Intergubernamental de los Países de la Cuenca del Plata.
En esta línea, el especialista también se refirió a una de las discusiones recurrentes cada vez que se producen crecidas importantes en la región: el supuesto vínculo entre la apertura de las represas brasileñas y las inundaciones en territorio argentino.
Bertoni desestimó esa interpretación y explicó que los grandes embalses brasileños cumplen, entre otras funciones, un papel de regulación del sistema, especialmente durante los períodos de déficit hídrico.

Según detalló, actualmente los embalses se encuentran aproximadamente al 55% de su capacidad, lo que implica mantener un margen cercano al 45% para poder amortiguar eventuales crecidas.
De esta manera, el comportamiento de las represas debe analizarse dentro de la dinámica general de la cuenca y no como un factor aislado. Para Bertoni, comprender esa interacción resulta fundamental para interpretar correctamente la evolución de los caudales del Paraná y evitar explicaciones simplificadas sobre fenómenos que responden a múltiples variables.
Finalmente, Bertoni se refirió a la situación de la Cuenca del Río Salado bonaerense, una de las regiones de mayor importancia productiva de la provincia de Buenos Aires.
De acuerdo con su análisis, actualmente la cuenca atraviesa una situación intermedia, sin niveles extremos de estrés hídrico tanto por exceso como por déficit. En paralelo, continúan avanzando los distintos tramos de las obras previstas para mejorar el manejo de los excedentes.
El diagnóstico general que dejó la entrevista apunta, en definitiva, a una misma necesidad: el agua debe gestionarse antes de que se convierta en un problema. Y para eso, la información climática, el monitoreo permanente, las obras y las decisiones productivas tienen que formar parte de una misma estrategia.