Fuego contra fuego: comienza la temporada de incendios y recomiendan la “quema prescripta” para combatirlos

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Durante años, la estrategia predominante frente a los incendios rurales fue combatir cualquier foco ígneo apenas aparecía.

Sin embargo, la evidencia científica acumulada en las últimas décadas propone un cambio de paradigma: para prevenir incendios de gran magnitud, el fuego no debe eliminarse por completo, sino utilizarse de manera planificada y bajo estrictos protocolos técnicos.

Desde la Red de Manejo de Incendios Rurales remarcan que la denominada quema prescrita representa hoy una de las herramientas de prevención más efectivas y sustentables frente al escenario de cambio climático y eventos extremos.

El fundamento es simple: reducir de forma anticipada el material combustible que, en condiciones de sequía, altas temperaturas y fuertes vientos, puede alimentar incendios imposibles de controlar.

La ecología moderna respalda esta visión. Numerosos ecosistemas, tanto en Argentina como en otras regiones del mundo, evolucionaron históricamente junto al fuego. Pastizales pampeanos, palmares de yatay y bosques secos son algunos de los ambientes donde las quemas naturales formaron parte de su dinámica durante siglos.

EL RIESGO OCULTO DE APAGAR TODOS LOS INCENDIOS

Los especialistas advierten que la supresión sistemática del fuego genera lo que la ciencia denomina un “déficit de fuego”.

En otras palabras, al impedir que ocurran quemas naturales o controladas, se acumulan durante años hojas secas, ramas, pastizales envejecidos y otros materiales altamente inflamables.

Ese exceso de combustible incrementa significativamente el riesgo de incendios extremos cuando finalmente se produce una ignición, ya sea por causas naturales o humanas.

Desarrollan una guía para el manejo del fuego rural

La evidencia internacional también acompaña esta conclusión. Un metaanálisis que analizó tres décadas de investigaciones determinó que las quemas prescriptas, aplicadas de manera individual o combinadas con el raleo de árboles, permiten reducir entre un 62% y un 72% la severidad de los incendios posteriores.

La explicación es que eliminan el combustible fino superficial antes de que pueda alimentar incendios de gran intensidad.

Pero los investigadores aclaran que no se trata simplemente de prender fuego a un campo.

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PRÁCTICA TÉCNICA, PLANIFICADA Y CON RESPALDO 

La quema prescrita consiste en aplicar fuego sobre un área previamente delimitada, respetando una ventana meteorológica específica en la que se controlan variables como temperatura, humedad y velocidad del viento.

Para ello se utilizan herramientas técnicas, como el Fire Weather Index (FWI), que permiten estimar con precisión el comportamiento del fuego y asegurar que se mantenga con baja intensidad, eliminando el combustible vegetal sin afectar la estructura de los árboles ni degradar el suelo.

Manejo del fuego: una guía de buenas prácticas agropecuarias para prevenir incendios rurales

En Argentina, esta práctica ya cuenta con antecedentes científicos desarrollados por investigadores del CONICET y distintas universidades nacionales.

Ensayos realizados en plantaciones forestales de Misiones, Neuquén, Chubut y Santiago del Estero demostraron que las quemas prescriptas reducen entre un 24% y un 71% los combustibles finos, disminuyendo considerablemente el riesgo para plantaciones forestales cuya inversión demandó décadas.

EXPERIENCIAS QUE MUESTRAN RESULTADOS

La aplicación de esta herramienta también mostró resultados positivos en áreas protegidas como la Reserva Campos del Tuyú, en la provincia de Buenos Aires, y el Parque Nacional El Palmar, en Entre Ríos.

Según los especialistas, las quemas realizadas en forma de parches no solo disminuyen la posibilidad de incendios extremos, sino que además favorecen la recuperación de la biodiversidad, ayudan a controlar especies invasoras y mejoran la calidad del forraje disponible para la fauna silvestre y el ganado.

En ese sentido, desde la Red de Manejo de Incendios Rurales sintetizan el concepto con una frase contundente:

“El combustible que no se quema de forma controlada hoy, es la leña de un incendio catastrófico mañana. La diferencia entre quemar y quemar bien es lo que nos separa de tragedias históricas como la de Puerto Madryn en 1994, donde la acumulación desmedida de pasto seco alimentó un fuego extremo.”

Para los especialistas, el desafío ya no pasa por intentar erradicar el fuego de los ambientes rurales y forestales, sino por aprender a convivir con él de manera inteligente. En ese marco, sostienen que impulsar políticas públicas y estrategias privadas que promuevan las quemas prescriptas permitirá proteger infraestructura, preservar cuencas de agua, fortalecer las economías regionales y reducir el riesgo de pérdidas humanas frente a incendios cada vez más severos.

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