
Tras un periodo de tres años al frente de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), el próximo sábado, en el marco de la Fiesta Nacional de la Vendimia, se dará un “traspaso de cetro” en la vitivinicultura.
Es que el riojano Mario González se despedirá de manera oficial de la presidencia de la entidad para darle lugar a Fabián Ruggeri, quien durante el mes de febrero fue elegido para comandar la entidad hasta 2029.

Fabian Ruggeri, el nuevo presidente que asumirá en la COVIAR
En la previa del tradicional Desayuno que se realizará en la mañana del sábado, el presidente saliente, que fue el primer riojano en ocupar este lugar, charló con Infocampo acerca del balance que ha dejado su mandato respecto al cumplimiento de los objetivos del Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI) 2030.
Entre los desafíos pendientes, remarcó el fortalecimiento del posicionamiento del vino argentino en el mundo y la necesidad de avanzar en acuerdos arancelarios favorables, así como consolidar el sello de sostenibilidad como herramienta clave frente a las nuevas exigencias de los mercados.
En el plano interno, durante la charla González puso el foco en la situación del productor primario y en la urgencia de generar financiamiento adecuado para reconvertir viñedos y mejorar la productividad.
También hizo frente a la parte política que ha tenido que enfrentar la Coviar en su mandato, con la histórica pelea con Bodegas de Argentina (BdA) y la propuesta del legislador Damián Arabia de eliminar la contribución obligatoria que por ley pagan las bodegas, clave para el financiamiento de la institución.
-¿Cómo evalúa esta gestión al frente de la institución?
-Fueron tres años de mucha responsabilidad y mucho trabajo, con un balance sumamente positivo. En un contexto lógicamente difícil, con cambios económicos, con el mundo atravesando temas complejos tanto desde lo económico como desde lo arancelario, y con nuestro país también viviendo cambios importantes, estos años fueron de mucha intensidad. El objetivo estuvo claro: ejecutar el Plan Estratégico Vitivinícola al 2030 y, en el día a día, ir corrigiendo o reforzando líneas estratégicas que, por lo que va sucediendo cotidianamente, se vuelven más relevantes. En general, el balance es muy positivo y estoy agradecido por el acompañamiento de todo el sector vitivinícola, de los gobiernos provinciales y del Gobierno nacional. Pudimos mantener un buen diálogo.
-Mencionó el PEVI 2030. ¿Qué cree que pudo cumplir o fomentar durante su gestión y qué queda pendiente?
-La semana pasada presentamos la revisión y puesta en común de las jornadas estratégicas, que fue una revisión transversal de todo el plan. La iniciamos en 2024, cuando asumí y, al año, planteé la necesidad de hacer un estudio transversal teniendo en cuenta los grandes cambios que se producían en el mundo, en Argentina y en el consumidor. Fue un trabajo arduo que encaramos con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y sus equipos profesionales. Hubo una gran participación del sector, con talleres regionales y encuentros virtuales organizados por cada eje estratégico. El mercado externo trabajó con WofA (Wines of Argentina), el mercado interno con el Fondo Vitivinícola, y también hubo ejes vinculados a sostenibilidad y enoturismo. Tenemos 128 actividades para desarrollar nuestras líneas estratégicas. En el corte transversal que hicimos, determinamos que el 92% de esas líneas priorizadas están siendo trabajadas desde la Corporación Vitivinícola Argentina. Eso muestra que vamos por buen camino, aunque siempre hay que profundizar. En cuanto a grandes temas, el posicionamiento del vino argentino en el mundo sigue siendo central. Se ha logrado mucho, pero queda por trabajar en la construcción de acuerdos arancelarios favorables para Argentina. Eso no depende exclusivamente del sector privado, pero estamos involucrados con Cancillería y con los gobiernos provinciales para impulsar ese trabajo.

Mario González, presidente saliente de COVIAR
-¿Y a nivel interno?
-En el mercado interno, a pesar de las caídas porcentuales, Argentina sigue siendo uno de los países de gran consumo de vino en el mundo. A veces somos alarmistas cuando bajamos 2% o 3%, pero si se compara con otros productos, el vino tuvo una performance muy importante en estos años, pese a la recesión y a los cambios de hábitos. En producción primaria también hubo un muy buen trabajo de capacitación y acompañamiento en las 18 provincias vitivinícolas. Y en sostenibilidad creo que hay un antes y un después con la puesta en marcha del sello de sostenibilidad argentino. Lo que antes veíamos como una posible barrera futura hoy es una exigencia concreta. Avanzar en la aceptación en mercados y monopolios será un hito muy importante. El gran desafío sigue siendo la rentabilidad y la sostenibilidad en todos los eslabones de la cadena. Queremos una vitivinicultura diversa, presente en varias provincias, con muchos productores y bodegas. Para evitar concentraciones, todos los eslabones deben ser rentables y sostenibles, no sólo desde lo ambiental sino también desde lo económico.
-En ese sentido, los productores primarios vienen atravesando dificultades: precios estancados, abandono de fincas. ¿Cómo se trabaja para evitar esa erradicación de la actividad?
-El año pasado anunciamos un proyecto denominado “Arquitectura de la Viticultura Argentina”, que tiene que ver con esto. La primera conclusión es que no sobra ni una hectárea: no tenemos exceso estructural de superficie o volumen. Lo que necesitamos es diversificar y redireccionar. La dinámica de oferta y demanda genera ciclos: cuando falta uva, el precio sube; cuando sobra, baja. Eso ocurre en cualquier mercado. Lo importante es hacia dónde apuntamos. Hay distintos segmentos. En la punta de la pirámide hay resultados positivos y debemos seguir trabajando con la calidad como punto no negociable. Pero también hay que fortalecer otros segmentos. El jugo de uva concentrado, por ejemplo, es un commodity, pero si logramos competitividad desde abajo, siendo eficientes y bajando costos, puede ser rentable. Lo mismo con la pasa de uva o la uva en fresco.
La sangría que sufre la vitivinicultura: en 10 años perdió 3.763 viñedos y más de 27.000 hectáreas
-¿Qué se necesita para esa “reconversión”?
Ahora bien, el gran tema es el financiamiento. Sin financiamiento adecuado, entendiendo los ciclos biológicos del viñedo -que tarda cuatro años en entrar en producción y se estabiliza en el sexto o séptimo- es muy difícil hacer cambios. Producir uva para mosto con rendimientos de 10.000 o 12.000 kilos por hectárea no es rentable. Para reconvertir se necesitan inversiones importantes en eficiencia hídrica, eficiencia energética, mejoras estructurales, nuevas variedades. Estamos hablando de unos 9.000 dólares por hectárea. Hoy ningún productor dispone de ese capital. Si hubiera financiamiento adecuado y comprensión del rol de la vitivinicultura —que es la actividad que más mano de obra genera en el campo argentino y que está presente en muchos pueblos como actividad central— podríamos reconvertir y diversificar, equilibrando oferta y demanda y logrando rentabilidad en todos los eslabones. No hay que arrancar viñedos. Hay que reconvertir y diversificar entendiendo dónde está el negocio.
-En 2025 hubo una polémica por la propuesta del legislador Damián Arabia de eliminar el aporte obligatorio a Coviar. ¿Cómo lo atravesaron?
-No creo que haya sido un pedido del presidente ni del Gobierno nacional, sino acciones aisladas de un legislador. Me ocupé de estar en cada reunión necesaria para explicar lo útil que es la herramienta. Con este sistema que, pese a que ya han pasado los años, es novedoso, de mirar a largo plazo y de sentarnos todos en una misma mesa, incluso con objetivos particulares distintos, pero con un objetivo general común. Está bien que productores y bodegueros puedan tener intereses diferentes, pero se trabaja sobre los temas comunes. Nada impide que se puedan juntar y trabajar por una vitivinicultura mejor. Ese ejercicio se hace en Coviar. No es fácil, porque hay que desprenderse de los egos, pero se hace. Nuestra tarea fue mostrar el trabajo, explicar que lo hacemos ad honorem, con responsabilidad y con puertas abiertas para que todos participen. Tenemos una hoja de ruta clara hacia 2030. La coyuntura puede mover el tablero, pero el objetivo estratégico está definido y compartido por el sector.
-Históricamente hubo tensiones con Bodegas de Argentina. ¿Cómo quedó esa relación durante su gestión?
-Primero hay que entender que son instituciones distintas y con objetivos distintos. Bodegas de Argentina es una entidad gremial empresaria que defiende intereses sectoriales. Coviar ejecuta un plan estratégico integral que abarca desde el productor primario hasta el enoturismo y la sostenibilidad. Compararlas es mezclar peras con manzanas. Coviar no discute precios ni representa intereses gremiales; ejecuta un plan. En lo personal tuve reuniones con las autoridades salientes y actuales, siempre con respeto. Cuando hubo excesos verbales, salí a explicar que así no se construye. Los espacios en Coviar siempre estuvieron abiertos. Si alguien no quiere sentarse a discutir estrategias, es otra cosa. Yo le dedico tiempo a construir, no a destruir. La vitivinicultura no tiene margen para discusiones estériles. Los objetivos son comunes y hay que seguir construyendo, sentándose a dialogar y despojándose de egos personales.
-¿Cuál será su nuevo rol en Coviar?
-Seguiré siendo parte del directorio acompañando a Fabián Ruggeri en esta nueva etapa. Le deseo lo mejor; no tengo dudas de que hará un muy buen papel.