
Dos informes difundidos en los últimos días por la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) pintan un panorama para la campaña de soja 2025/26 que puede analizarse tanto con el vaso medio vacío como medio lleno.
Por el lado medio vacío, la sequía que tuvo lugar en enero ha provocado inevitables recortes en el pronóstico de cosecha, producto fundamentalmente de lotes que perdieron el potencial de rinde que arrastraban tras lo que había sido una excelente primavera en materia de lluvias.
Por el lado medio lleno, el alivio es que las precipitaciones que llegaron la semana pasada frenaron el deterioro y “alejaron el temido escenario de derrumbe”, según indicó la GEA.
Llegó el auxilio del agua y se frena el deterioro, aunque el maíz ya perdió 1 millón de toneladas
La clave es que la desaparición de los aportes hídricos ocurrió justo en la región más sojera del país: la zona núcleo.
El resultado, según el reporte semanal de la GEA, es que se están previendo ahora 600.000 toneladas menos que las que se calculaban en el inicio de la campaña, cuando el clima había acompañado en todos los sentidos: mucha agua y temperaturas benévolas para los cultivos.
Ahora, “las lluvias de febrero lograron detener la caída del potencial de rinde de la soja en buena parte de la región núcleo, pero hay un corredor crítico por la falta de agua en el sur de Santa Fe”, precisó la Bolsa rosarina, confirmando la alerta que emitió la Sociedad Rural también de esa ciudad.
“Grave situación productiva”: se multiplican los alertas por la sequía en la zona núcleo
De esta manera, la primera estimación de producción de soja para la región núcleo, de la BCR, se ubica en 17,2 millones de toneladas. El cálculo parte de una superficie sembrada de 4,58 millones de hectáreas y un rinde promedio de 38 qq/ha.
“Son unas 600.000 toneladas menos que el horizonte productivo que se proyectaba antes del recorte de lluvias y del golpe térmico de enero, cuando el potencial se ubicaba en 40 qq/ha”, resaltó.
Y completó: “No es el número que se pensaba a fines de diciembre, cuando las expectativas eran tener una campaña superadora. De todas formas, las lluvias alejaron el temido escenario de derrumbe en buena parte de la región”.
De hecho, se mantiene muy cerca del promedio productivo de los últimos 15 años, que es de 17,4 millones.
Como se mencionó, el corredor crítico es el sur santafesino donde hay grandes pérdidas productivas.
“En el corredor que no recibió el auxilio del agua (15% de la región) el panorama es crítico: la soja de primera está secándose y hay fuertes recortes productivos. La necesidad de agua es perentoria. Se trata de la zona de influencia de Rosario que se extiende hacia el oeste y el sur”, graficó la GEA.
Por ejemplo, en el departamento Constitución (sur de Santa Fe) se estiman daños del 30% al 40%. De no llover, muchos lotes podrían perderse. En Bigand, las pérdidas de rinde ya superan el 30%. Además, aumenta la presión de plagas asociadas a sequía y altas temperaturas, como trips y arañuelas, profundizando el estrés del cultivo.
En cambio, en el resto de la región núcleo, las lluvias mejoraron la condición de la soja de primera y detuvieron pérdidas. Tras las lluvias, disminuyeron los lotes que estaban entre regulares y malas condiciones: pasaron de 20% a 12%. Los buenos son el 38% y los muy buenos y excelentes subieron al 45 y 5%, respectivamente.
Un ejemplo positivo en tal sentido es Pergamino, donde hacia fines de enero se advertía por pérdidas de hasta un 50% del potencial de rinde por déficit hídrico, pero las lluvias de febrero lograron frenar el deterioro del cultivo y la caída del rinde, y ahora las perspectivas son muy buenas con elevada cantidad de nudos y chauchas bien cargadas.
En este contexto, la GEA marcó la posibilidad también de que la llegada de más lluvias pueda hacer repuntar más los números, habida cuenta que el patrón seco de la actual campaña —en contraste con la anterior— es de solo un mes, y que los cultivos iniciaron el ciclo con excelentes reservas, algo que no ocurrió en la 2024/25.
“A esta misma altura del año pasado la estimación de producción también había sido ajustada a la baja. Sin embargo, un mes después, con la recomposición de las lluvias en febrero y comienzos de marzo, el rinde promedio rebotó y la producción terminó acercándose al horizonte productivo de inicios de campaña con un rinde de 39,4 qq/ha”, repasó la entidad rosarina.
La sequía que alarma a la zona núcleo: en enero llovió menos de la mitad del promedio histórico
Por eso, —completó— “el escenario actual aún no está definido. Si las lluvias logran afirmarse en las próximas semanas —sobre todo en los sectores que quedaron al margen— el rinde podría recomponerse y acercarse, e incluso superar, el promedio de la campaña pasada. Todo dependerá de cómo juegue el clima en el tramo final”.
De esta manera, el achique reportado para la zona núcleo es el principal factor que hace reducir el pronóstico nacional de la BCR en un millón de toneladas.
No obstante, es a la vez un millón más que lo que se preveía al inicio de la campaña, porque si bien la zona núcleo ha tenido problemas, otras regiones productivas como el centro-norte de Córdoba, el centro-norte de Santa Fe, el norte del país y el sur de la región pampeana han transitado el ciclo en mejores condiciones.
Puntualmente, con un rinde nacional estimado en 30,8 qq/ha, la producción de todo el país ascendería a 48 millones de toneladas.
“De esta manera la primera estimación hecha sobre la condición del cultivo supera por un millón de toneladas la proyección que se realizaba a la siembra con rindes promedios para todo el país. De materializarse esa cifra, la producción de esta nueva campaña caería 1,5 millones de toneladas respecto del ciclo precedente (49,5 millones)”, graficó la Bolsa de Rosario.
Desde el punto de vista de la entidad, la campaña de soja argentina transita días claves, porque “lo que suceda con las lluvias en los próximos 10 a 15 días será fundamental para ponerle un piso a la campaña y evitar mayores recortes en las zonas más golpeadas por la falta de agua.
“Incluso, aún hay tiempo de dar vuelta la campaña”, insistió.
La clave para que los recortes no continúen es climática: el centro de alta presión que afectaba a la región núcleo se estuvo desplazando y las lluvias comenzaron a producirse. Aunque de forma aislada y con eventos intermitentes, esas descargas acumuladas a lo largo de febrero y sobre todo en la última semana han ganado en frecuencia y suman milímetros significativos.
“Los pronósticos son alentadores. Pero también muestran que en el corto plazo seguirá este patrón de sistemas con lluvias aisladas y frecuentes, que irán sumando milímetros y de a poco pueden cumplir con las necesidades del cultivo”, entusiasmó la GEA en su reporte de alcance nacional.
Las mayores alertas están en este momento en los lotes de segunda, con una situación que “sigue muy delicada en una campaña que tiene como antecesor a un ‘supertrigo’, que implicó un gran consumo de agua en los perfiles tras los rindes descomunales que se obtuvieron”.
Según el informe rosarino, asesores de la región central del país citan que las plantas de la oleaginosa “no pasan la altura del rastrojo”, como parámetro para explicar el impacto de la falta de agua en el crecimiento.
De esta manera, los rindes potenciales sufrieron caídas que van de 20 a 60% y hay numerosas áreas que no se cosecharían en los lotes más afectados. De allí la proyección de un área no cosechable de 310.000 hectáreas.
En este punto, al igual que en el informe para la zona núcleo, la BCR vinculó la esperanza de una recuperación a que el panorama actual, pese a la falta de agua, es mejor que el que había un año atrás.
“A diferencia de la campaña pasada, las temperaturas han sido más moderadas. De hecho, hace un año atrás se estaba transitando la tercera ola de calor, cuando en este año solo hubo una. La campaña de soja arrancó con los perfiles cargados, incluso con numerosas áreas que volvieron después de varios años a recargar sus napas. Esto es un hecho muy destacado, ya que la falta de agua en los niveles profundos fue una gran limitante para el ciclo 2024/25”, reforzó.
La primera soja, desde el norte: un lote de Formosa inauguró la cosecha 2025/26
Además, en este tramo de la temporada, el año pasado mostraba complicaciones en muchas más regiones que la núcleo: la sequía afectaba a toda la región pampeana y al norte del país. También duró más la falta de agua: fueron 2 meses en los que prácticamente no hubo registros de lluvias.
“Pero el año pasado hubo una recuperación hídrica notable. Se produjo a partir del 14 de febrero para la región central y a fines de febrero para el resto la región pampeana. El regreso del agua dejó acumulados muy importantes y permitió una recuperación histórica del cultivo. Para febrero del 2024 estábamos estimando 46 millones de toneladas de soja y el cambio brusco de las condiciones hídricas logró dejar una cosecha de 49,5 millones. Si bien se trató de un evento de lluvias que superó ampliamente las medias estadísticas, lo que sucedió un año atrás subraya que aún hay tiempo para que la soja logre recuperarse”, enfatizó la GEA.
Por último, el informe rosarino destaca que, pese a la mala situación que atraviesa la oleaginosa en el sur santafesino, esa provincia hace punta con los rindes, debido a que las buenas lluvias que han tenido el centro y norte de la provincia permiten estimar 35,2 qq/ha, un valor similar al del año pasado (35,54).
Le sigue Córdoba con 31,5 qq/ha, aunque con buenas posibilidades de mejoras gracias a las buenas condiciones de la soja en el centro y norte provincial.
Buenos Aires, en tanto, se estima con un 31,2 qq/ha y su estimación está supeditada al comportamiento de las lluvias en el centro este y sudeste provincial.
En Entre Ríos, se estima un rinde de 19 qq/ha, pero con buenas posibilidades de mejora en función de las lluvias que se esperan para las próximas jornadas.
En paralelo, el Panorama Agrícola Semanal (PAS) de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires también dejó la sensación de que la situación de la soja, si bien no es la óptima, tampoco es tan grave.
De hecho, la entidad sostuvo su pronóstico productivo en un valor similar al de su par rosarina: 48,5 millones de toneladas.
Puntualmente, el análisis de la entidad porteña es el siguiente: